La isla de Japón está situada en una zona de gran movimiento sísmico debido a la presencia de placas tectónicas. La continua fricción entre éstas acaba derivando en grandes sismos.

Conscientes del peligro constante que se origine un posible terremoto, los japoneses aprenden desde corta edad las medidas de seguridad que deben de seguir en caso de un sismo de mediana y gran intensidad. Entre las medidas de seguridad se encuentran ubicar los lugares más seguros para resguardarse, la ubicación de refugios cercanos, la preparación de una mochila de emergencia bien equipada, entre otros. Adicionalmente,  en los colegios de realizan, por lo menos una vez al año, simulacros de sismo. En lo que respecta al hogar, una de las medidas de seguridad más comunes está relacionada a los muebles más pesados (como los armarios, por ejemplo), los cuales usualmente están bien atornillados a la pared.

Sin embargo, es importante recalcar que el avance de las nuevas construcciones y de la tecnología antisísmica que se usa en las mismas. Actualmente las edificaciones utilizan materiales que absorben los golpes y que además revisten a los edificios de amortiguadores. En este caso, se pueden encontrar dos tipos de amortiguadores: los aislantes de base y el control de vibraciones. En el primer caso, son bases de goma y hierro que se ponen entre la pilastra y el suelo. Los aislantes de base funcionan como una especie de cojín que separa a la construcción del sueño y que de esta manera, la transmisión de las vibraciones sea mínima. Por otro lado, los amortiguadores tipo control de vibraciones se colocan en las columnas de una construcción.

Con este tipo de refuerzos, los japoneses se aseguran que los daños en los terremotos fuertes sean mínimos, y en caso sean sismos de gran intensidad, las estructuras de los edificios se no desplomen.

 

 

 

Fuente: United Explanations

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